Hola, soy de Barcelona y me he registrado en este foro por curiosidad.
Descubrí que podía tener fobia social cuando descubrí, hace una par de semanas, que había una cosa llamada "fobia social", lo cual resultó reconfortante porque a partir de entonces pude culpar a esa fobia social de todo lo que me pasa, sin cebarme tanto en mi padre, mi instituto, y la sociedad, como había hecho hasta ahora.
No he ido nunca al psicólogo porque no me gustan y no me fío de ellos; imagínate, podrían estar alargándote el problema durante meses para poder sacarte más pasta. Y vaya psicólogos debe haber por ahí; tenía una ex-amiga estúpida de remate, sin el menor atisbo de empatía, que se puso a estudiar psicología. Por dios, qué locura. Si alguna vez resulta que voy a alguno será sólo como último recurso, cuando la desesperación me carcoma las entrañas y ya no pueda aguantar más; aun así sería sólo por curiosidad, para que me dijera qué es lo que está pasando en mi cabeza, y me lo hiciera constatar en un diploma con su firma. Nunca le dejaría que intentara resolverme el problema; las listas de prioridades las puedo hacer yo sola en casa.
Considero que tengo una gran consciencia de mí misma, y que hasta ahora, he conseguido mejorar en algunos aspectos sin siquiera saber que tenía ningún tipo de trastorno; simplemente pensaba que era muy tímida y que no sabía hablar. En el instituto decidí limitar mi conversación porque pensaba que si hablaba diría alguna gilipollez -como tantas veces había ocurrido-; y claro, ¡cómo iba a permitirme el lujo de decir una gilipollez, YO! Además, si decía algo inapropiado, los presentes podrían utilizarlo luego en mi contra, y obviamente, no tenía la capacidad de contestarles porque no sabía hablar. Daba mucha rabia porque la contestación perfecta me venía minutos después de que la persona que me había increpado se fuera; es como si en el momento las palabras no me vinieran a la mente, como si se me bloqueara o nublara la cabeza. Y además me ponía nerviosa, ¡y cómo! Y al día siguiente me parecía que era una estúpida por haberme puesto nerviosa por una tontería semejante; pero sencillamente no podía evitarlo. Cuando estaba en el instituto me daba vergüenza pasar por entre un grupo de gente de mi edad; odiaba a todos mis compañeros, pero me daba miedo iniciar una disputa porque sabía que no podría seguir una conversación subida de tono: me quedaría bloqueada, con la palabra en la boca, y me sentiría ridícula; sentiría que YO no soy capaz de seguir una estúpida discusión.
Yo no creo tener problemas de autoestima: me gusto y a grandes rasgos estoy orgullosa de mí misma; pero en el ámbito social no entiendo por qué soy incapaz. Como no lo entiendo, lo rechazo. He de decir también que he llegado a un punto en que tampoco me interesa; mi vida está llena de decepciones y he dejado de esperar nada; la indiferencia ayuda, os lo aseguro. Pero cuando realmente quiero hablar con alguien o quiero integrarme en un grupo porque me gusta, muchas veces soy incapaz. Hace un tiempo quise pedirle los apuntes a un señor mayor, la indiferencia hizo que sin pensármelo mucho me levantara y fuera a pedírselos, pero cuando comencé a hablar... ya estamos: me temblaba la voz, me temblaba la cabeza, me temblaban las manos, tenía un hormigueo en el estómago, y estaba tan tensa que casi hago un agujero en la mesa.
Es algo irracional; yo sabía que al hombre no le iba a importar, y sabía también que no tenía importancia alguna; pero no lo pude evitar.
Y la gota que colmó el vaso fue hace unas semanas, que tuve que hacer una exposición oral delante de la clase. En principio pensé que sería bueno hacerlo, porque así podía probarme, demostrarme que era capaz de hacerlo. Bien, para comenzar, estuve pensando en ello semanas antes, con cierta inquietud, pero controlando la situación, visualizándolo mil veces en mi cabeza, intentando relajarme cuando pensaba en ello. En mi cabeza me salía muy bien, pero obviamente la realidad es funesta. Minutos antes trataba de tranquilizarme repitiéndome cosas como "va a salir bien", "dentro de diez minutos ya habrá acabado todo", "respira", "piensa que siempre habrá alguien que lo haga peor que tú". Patético, ¿verdad?. Hay que decir que, hasta que subí a la tarima, conseguí sobrellevar bastante bien la situación. Sólo estaba un poco tensa. Pero cuando comencé a hablar... La primera frase me salió bien, pero entonces se me nubló la cabeza y me dije: "ya está, la he cagado", "esto no va a salir bien", "no puedo hacerlo". Y entonces me aliené -una sensación de no estar allí realmente-, me comenzó a temblar la voz, me puse roja, se me secó la boca, y comencé a tragar compulsivamente, todo ello mientras iba soltando incongruencias que se suponía me había preparado. Al final sólo dije gilipolleces, me quedé en blanco dos veces unos segundos en el silencio de la sala, con todo el mundo mirándome, y acabé la exposición de cinco minutos en uno y medio -la mitad del cual me quedé en blanco-. Fue terrorífico, como estar en una pesadilla.
Volví a mi casa y estuve llorando todo el día, culpándome por no haber podido hacer una estúpida exposición, por haber sido la única que no había podido hacerla, y por ser la que peor la había hecho.
Al día siguiente ya estaba recuperada, pero no fui a la clase de la asignatura de la exposición porque me sentía una inútil y una perdedora, y me daba vergüenza presentarme así en clase, a la vista de todos. Racionalmente sé que a la gente le importa un bledo lo que yo haga, y racionalmente sé que a mí me importa un bledo lo que piense la gente; pero otra vez, no pude evitarlo.
Hay ciertos factores en mí que me desconciertan, pero que he aprendido a aceptar: las contradicciones y las obsesiones. Me puede dar un ataque de fobia hablando con un desconocido -o conocido- en cierta ocasión, pero en otra ocasión podría hablar con otro tranquilamente sin atisvo de nerviosismo. Puedo detestar las fiestas en general, pero en ciertas ocasiones querer meterme en una aglomeración de gente. Debe depender de mi estado de ánimo, no lo sé; supongo que a muchos os debe pasar.
Y en cuanto a las obsesiones... no sólo me refiero a cosas como tener que lavarme las manos después de tocar dinero, por ejemplo. Pasa una cosa, y es que yo soy una chica completamente alienada; detesto la realidad y necesito evadirme de ella, así que de vez en cuando me obsesiono con algo para no tener en cuenta nada más. Por ejemplo, en Enero me ví las seis temporadas de Dawson's Creek de un tirón, en un mes; veía unos 4 capítulos por día de media. Durante ese tiempo, para mí todo era Dawson's Creek. Da lo mismo la serie; da lo mismo el objeto; lo único que quería era tener mi mente ocupada en los bucólicos parajes de Capeside para no pensar en nada más.
Obviamente esto no ayuda a hacer amigos, pero reconforta.
Y eso es; todo lo que ya está muy visto en esta web. Felicito a los que hayan leído hasta el final. Sólo quería desahogarme un poco, que siempre va bien.
Detesto hablar, pero como veis me encanta escribir.

