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Antiguo 20-jun-2008  
filosófica

Pues lo curioso es que sí me gusta mi trabajo. Doy clases, y tengo que reconocer que lo paso mal, pero el acto de enseñar me gusta mucho y creo que compensa mis malos ratos. Intento disimularlo, pero soy consciente de que la peña se percata de que me sucede algo. En cambio, me cuesta muchísimo más realizar otros actos más sencillos como entrar a una tienda. Por ejemplo, voy a comprar por Internet unos libros porque soy, literalmente, incapaz de preguntar por ellos en cualquier librería de mi ciudad.

En fin, intentaré superar todo esto.